Entre líneas suaves y destellos dorados, las figuras se dibujan como pensamientos que toman forma. Esta obra se mueve entre lo real y lo onírico, donde el trazo libre es testimonio del instante y la emoción. Evoca el diálogo silencioso entre cuerpos y energía, un espacio donde la materia se vuelve poesía visual. El marco espejo negro enmarca con elegancia esta composición etérea, acentuando su profundidad y su equilibrio entre movimiento y calma.
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